martes, 3 de julio de 2012

Demasiados Vatios

A veces, hay lugares en los que hay demasiada luz. No intento ser metafórico, simplemente, en algunos sitios o momentos concretos, me estorba la luz. Me parece algo molesto. Sobra.
Hoy estaba en uno de esos sitios. Una escalera de piedra. Portales y tiendas cerradas a la derecha, un jardín que recorre la escalera a la izquierda. Por las noches, ese jardín huele genial (galán de noche, opina siempre niñapollo) y en verano, el olor es mucho más intenso. Subía la escalera cansado y soñoliento, sin prisas (que hay que dejar que el perro huela los arbustos que se cuelan entre los barrotes del pasamanos) y una vez más, la idea voló por mi mente: "Éste sitio estaría mejor sin tanta luz".
La calle está iluminada por varias farolas a unos cinco metros (por ejemplo) cada una y bañan el paseo de un potente amarillo anaranjado. Los cubos de basura brillan entre los matorrales y se ve perfectamente como un gato se pasea detrás de un árbol pequeño. No necesito tanta intensidad, como tampoco necesito el sonido desafinado del "saxofonista" de la esquina (ni yo, ni su público forzado del restaurante, ni cuatro manzanas a la redonda). Me gustaría un poco de intimidad en ese lugar. Entre los matorrales, el silencio y la penumbra.

Y tal vez sintiendo el calor de una mejilla en mi pecho y unos brazos en mi espalda.

Hoy, con el brillo de la pantalla al mínimo.

Sanmar

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