Un silencio sepulcral invadía las calles a medida que se hacía de noche. El toque de queda obligaba a los ciudadanos a encerrarse en la seguridad de sus casas, aunque ninguno de ellos pegaría ojo. Ni siquiera el ejército salía de noche. El ser se había cobrado demasiadas vidas y ahora, los soldados se escondían en los barracones, aferrados a sus rifles con manos temblorosas.Suaves jirones de niebla lamían las aceras. Un hombre solitario los atravesaba con la seguridad de un rompehielos en el ártico, destrozando de paso la calma reinante con el ruido de sus mocasines. Caminaba despacio, sin prisa, como si no pareciera preocuparle lo más mínimo que la muerte acechara en cada esquina. A la luz de la luna, su sombra se recortaba contra las casas, cerradas a cal y canto. Tal vez no tuviera ni idea de lo que ocurría en la villa al caer el sol, tal vez lo supiera mejor que nadie, pero al fin y al cabo era el único valiente o descerebrado que se atrevía a poner un pie fuera de su casa.La luna hizo suyo el cielo a la vez que el hombre tomaba presencia en la plaza principal. El ayuntamiento, con ese aire imponente y rústico, se erguía, orgulloso, casi tan alto como el campanario de la iglesia. La puerta estaba tapiada por maderos y muebles de aspecto pesado, dejando clara la verdadera naturaleza del alcalde, al que siempre le había gustado ser cabeza de ratón. En el centro de la plaza, había una fuente encharcada y cubierta de verdín, que ahora hacía las veces de pilón desde que se rompió la bomba que hacía manar el agua. Alrededor se apiñaban algunas tiendas y portales cuya modesta altura rendía pleitesía a la casa del alcalde.El hombre contempló su reflejo en el turbio espejo que le brindaba la fuente durante unos instantes, en los que aprovechó para colocarse la corbata y el sombrero, de modo que, al verle, cualquiera pensaría que había quedado con alguna joven heredera. Se sentó en el borde de la fuente y esperó. De vez en cuando miraba un pequeño reloj de bolsillo cuyo brillo parecía suplicar que fuera de plata auténtica. Al cabo de dos horas, unas ondas casi imperceptibles en la superficie del agua le indicaron que su acompañante había llegado.Sin emitir sonido alguno, una gigantesca figura humanoide se abría paso entre los edificios. A primera vista, era tan negro que contrastaba con el resto del mundo incluso de noche. Su piel, de aspecto reptiliano, era mate, sus cuernos y zarpas despedían un brillo de ónix, sus ojos resplandecían diminutos como los de una araña. Se apoyó en una de las paredes del ayuntamiento para pasar entre dos tiendas, pero, como parecía ser costumbre en él, sin emitir un solo ruido. Un aura vaporosa seguía cada uno de sus movimientos haciendo evidente que no era un ser de este mundo. Se plantó de espaldas al edificio (que apenas le llegaba por el hombro), con las alas desplegadas, como un murciélago en pleno vuelo, y siseó unas pocas palabras en un idioma desconocido. Desconocido excepto para el señor bien vestido que le había estado esperando desde hacía ya un buen rato.—Disculpe que se lo diga tan abiertamente, pero además de maleducado, es usted un grosero amigo mio — dijo mostrando el reloj al monstruo —. No le quepa duda de que por esto rodarán cabezas, la suya a ser posible. De todos los círculos del infierno, usted debe de ser el tipo con menos clase que pudieron encontrar — Volvió a guardar el reloj y sacó un papel bastante arrugado de un bolsillo del abrigo. Lo aplanó unas cuantas veces con las manos y del mismo bolsillo sacó unas diminutas gafas redondas, que utilizó para leer el manuscrito —. Según esto, fue usted convocado por un cazador hace tres días para un trabajo puntual. Por si no fuera usted consciente, un trabajo puntual no se suele extender más allá de un día, pero es que además, el cazador alega que desapareció sin darle ninguna explicación. De éste modo, y por la autoridad que me confiere éste sombrero — dijo dándole un ligero toque al mismo con la punta de los dedos — le ordeno que vuelva inmediatamente al Otro lado.
Otro relatillo más. La verdad es que éste me salió totalmente espontáneo. Normalmente antes de escribir tengo una ligera, idea de lo que pretendo contar, pero en éste todo se me fue ocurriendo sobre la marcha. Tanto es así que al final acabó saliendo una paja mental relacionada con Alicia a través del espejo, que ya os contaré más adelante (de momento solo tengo un esquemucho guarro).
Hoy, giroscando.
Sanmar
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