martes, 24 de enero de 2012

Experimentando (I)

El recuerdo de su sonrisa planeó por su mente durante unos instantes, antes de dar el siguiente sorbo. A veces simplemente no podía evitarlo, esa imagen asaltaba su pensamiento y le obligaba a recordar que no debía bajar la guardia, que tras esa hilera de dientes perfectamente ordenados se escondía una lengua bífida. Y entonces pensó en su lengua, en como la movía al besarle, en como tocaba la punta de su nariz. Su nariz, pequeña y redonda, plagada de pecas, ligeramente torcida hacia la izquierda...
"Basta". Negó bruscamente con la cabeza y decidió entretenerse mirando por la ventana.
Las mañanas eran frías en Febrero y aquella especialmente. La plaza de Callao estaba húmeda y los restos de nieve se dejaban ver por las esquinas. Un grupo de chicas, probablemente extranjeras, cruzaban la Gran Vía en dirección al Starbucks.
No le gustaba la idea. El piso de arriba estaba muy tranquilo. Él, se sentaba en una de aquellas butacas verdes, de las que se rifan, con una taza de café y la sala para él solo. Cerro los ojos, otro sorbo. De fondo, Compai Segundo, susurraba un lento son que le ponía el broche al momento.
Habían pasado muchas mañanas allí, saltándose horas y horas de clase, disfrutando del calor, del café, de las conversaciones sobre las cosas importantes (como porque él no se dejaba hacer trenzas en el pelo) y sobre las cosas muy importantes (como porque ella no necesitaba ponerse a dieta).
Siempre se reía de sus gustos. Élla pedía té con leche de soja y le endosaba medio kilo de azúcar. Él, tanques de café solo.
Fueron días felices sin duda, eran más jóvenes e inexpertos. Un par de ilusos que terminaron ahogándose en un mar de celos, y ahora, ahora él volvía a aquel lugar a enfrentarse una vez más con su pasado.
Una mano se posó en su hombro y dio un ligero respingo. Miró hacia arriba esperando a que el camarero le preguntara si había terminado, pero no fue eso lo que se encontró. Por fin había llegado, tarde, como siempre. Tenía las mejillas rojas por el frío, a juego con su corta melena teñida. Se saludaron con un beso y él la invitó a tomar asiento. Traía consigo una taza humeante que dejó sobre la mesa. Él la tomó travieso y dio un sorbo, aunque en realidad no necesitaba probarlo para saber que era. Nunca le había gustado el té. El chocolate, sin embargo, era algo a lo que se podría acostumbrar.


Este es un pequeño relato escrito bajo amenaza por recomendación del personaje conocido como C, quien opina que me centro poco en los sentimientos de los personajes cuando escribo. Suele tener razón así que ale, mariconada al canto (aunque el caso es que me gusta como ha quedado).

Hoy, barriendo tensión.

Sanmar

1 comentario:

  1. Un relato muy chulo, grandes emociones se pueden leer entre líneas, sin perder tu estilo, por supuesto. Tienes que seguir prácticando, ya sabes, que se me da bien corregir, pero escribir no es lo mío, así que ¡ánimo! Y otro en camino :3
    C.

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