viernes, 9 de diciembre de 2011

Jungle Boogie

Cuando me llevaron ante Monkey Dude, jamás imaginé lo que me iba a encontrar. Un par de gorilas me condujeron por un estrecho pasillo hasta un amplio reservado. La música del garito se filtraba a través de las paredes, pero en la habitación reinaba una calma bochornosa. Las cortinas doradas, el trono, las joyas, las figuras de porcelana... era el sitio más torpemente ostentoso que había visto en mi vida. Pero pese a ser un hortera, si algo no se le podía reprochar a Monkey Dude era su astucia. Normalmente los señores de la droga solían estar rodeados de furcias adictas al crack y de matones de gatillo precoz, pero él era diferente, era inteligente. Y peligroso.
Monkey Dude era un tipo grande. Además de medir sus buen metro ochenta y cinco, era ancho como un armario empotrado y gordo como un cachalote. Iba embutido en un traje verde lima y se cubría los ojos con gafas de sol. En un perchero cercano pude observar un enorme abrigo de pieles y un sombrero de ala ancha también de color verde lima del que sobresalían varias plumas largas y exóticas. Llevaba los dedos cubiertos de anillos, en las orejas dos pequeños aros y varías cadenas en el cuello, todo de oro pulcro y brillante y piedras preciosas incrustadas.
Cuando se fijó en mi, su expresión no cambió ni un ápice. Parecía aburrido y cansado y se secaba el sudor de la cara y de la frente cada pocos segundos con un ridículo pañuelito morado. Levantó la mano izquierda para que se acercara uno de sus guardaespaldas y le dijo algo al oído. Acto seguido me hicieron avanzar hasta que tan solo me separaba medio metro de él. Resopló y sus múltiples papadas temblaron a la vez, su olor era nauseabundo. Se echó un poco hacia delante en su trono y en un susurro me dijo:

- Vamos directos al grano - Hablaba como si le costara respirar -. Mís amigos dicen que tienes algo nuevo. Enséñanoslo.

Con un gesto estudiado y profesional, abrí mi maletín y le mostré lo que había dentro. Veinte paquetes de plástico que contenían un polvo blanco azulado.

- Lo llamamos Protok, provoca alucinaciones severas, euforia y excitación- cogí aire para la gran frase -. Además es cinco veces mas adictivo que la heroína y sus efectos duran entre diez y doce horas.

Monkey no parecía impresionado

- ¿Y los efectos secundarios?

- Cuando se pasa el efecto provoca una fuerte somnolencia y a veces hemos visto palpitaciones y taquicardias... pero solo en algunos casos. Con el uso continuado es igual que la coca, solo que no te destroza el tabique porque se toma disuelto y que al ser más potente te deja jodido en menos tiempo. De momento ya lo han probado Morris y sus chicos y es un éxito.

El gordo me miró pensativo. Esperaba que al menos se mostrase ligeramente sorprendido, pero en lugar de eso, permaneció impasible una vez más. Tras unos minutos de reflexión en los que yo no pude hacer otra cosa que mirar al suelo, Monkey Dude cambió a una postura más recostada y dijo:

- A los blancos se os ha ido de las manos. Yo no quiero esa mierda en mis calles, es demasiado potente.

- ¿Que? ¡Esto es la droga del futuro! Imagínate, triplicarías las ventas en menos de un mes - Dije casi gritando.

El hizo un gesto negativo con la mano y prosiguió:

- Triplicaría las ventas en un mes, si. Pero mataría a todos mis clientes en menos de seis. Ven a verme cuando no traigas veneno, necesitamos drogas de lujo, para gente de lujo, no esa porquería.

- ¿De que hablas?¿Ahora te han crecido remordimientos?

- Los negocios son los negocios y sino pregúntaselo a tu amigo Rick Donan - Dijo señalándome con un dedo acusador.

Mierda, sabía lo de Rick. Ahora si que estaba bien jodido, tenía que pensar algo y rápido.

- Eso era un prototipo, no valía nada hombre. A penas tuvimos tiempo de probarlo como es debido - Dije tratando de quitarle importancia al asunto.

- Al Champ Elyss ya no va nadie por tu Protok de mierda. Hace dos semanas murieron quince tíos. ¡En la misma noche! Sus camellos han huido como ratas y la poli está a dos días de meterle en la cárcel. ¿Y aun tenéis los huevos de ofrecérmelo?

- Pero Monkey, si ya sabias todo eso ¿Porque me has dejado venir?

- Porque quiero mandarle un mensaje a tu jefe. Y nadie mejor que su mano derecha para entregárselo.

Un sudor frío empezó a recorrerme el cuerpo. El nudo de mi garganta apenas me permitía decir algo. Sabía lo que significaban esas palabras y no era nada bueno. Le dije a Flint que jugar con los negros era mala idea, que nos joderían. Pero no me escuchó y me mandó a la boca del lobo. Sin escolta ni refuerzos.

Y entonces lo entendí todo. Flint tenía una nueva mano derecha.



Ejercicio de descripción y diálogo. Y la historia me mola un huevo.

Hoy, insperrado.

Sanmar

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