domingo, 5 de mayo de 2013

Darthu, el dragón negro.

             
        El dragón se estaba muriendo. Sus escamas caían como las placas de una armadura mellada, revelando una carne dura y gris. Despedía un olor a muerte tal que los carroñeros se acercaban desde todos los puntos del bosque.            
        En realidad, ya sabía que el vuelo en el que llevó a los gemelos Darci a Norterra sería el último, pero sabía que hubo merecido la pena. Había llevado al último atisbo de esperanza del continente a su destino, a costa de su último aliento. Y ahora, presa de las múltiples heridas y el inexorable avance de la vejez, su vida se consumía poco a poco. Sus alas, débiles y correosas, yacían a ambos lados de su escuálida figura, inertes, como dos velas rotas y una de sus patas delanteras estaba torcida en un ángulo imposible.  Su fuego se iba apagando. Cada bocanada de aire dolí como un millar de lanzadas en sus pulmones y tras cada una de ellas, exhalaba una nube de hollín y restos carbonizados pegados a su tráquea. Una costra de legañas, barro y mugre le impedía abrir los ojos, pero sabía perfectamente donde se encontraba y el destrozo que había causado, ya que, no había caído sobre un claro precisamente. Cientos de pequeños animales y algunos humanos estarían maldiciendo su nombre… había destruido su hogar y atraído a los depredadores con su olor. O lo maldecirían si acaso lo conocieran ya que todos aquellos que una vez le llamaron por su verdadero nombre, el que le habían dado las estrellas al nacer, estaban muertos desde hacía muchos años. Siglos atrás, nadie ignoraba la identidad del leviatán en todo el continente. El elegido, el único, el enviado. El último de los dragones.             
        Nada pudo prevenir a Yarlic el forrajeador, de lo que iba a encontrar cuando llegó al lugar donde había acaecido el estruendo. Un enorme reptil, de cuarenta metros de largo incluida la cola, yacía boca abajo, sobre los restos de decenas de árboles triturados bajo su peso. Y así, sin que el muchacho se atreviese a evitarlo, el dragón le contó, entre quejidos y bocanadas de humo y peste, su historia, desde su nacimiento en lo alto de las montañas Termaraac hasta el viaje en el que portó sobre su lomo a los gemelos  poseedores de las runas perdidas. Le contó la aventura más épica jamás contada, con multitud de detalles, esforzándose en que comprendiera cada uno de los matices de la historia. Yarlic asentía tan atento como puede estarlo un hombre a una sola cosa, con los ojos abiertos como platos y la barbilla por los suelos. Jamás formuló una pregunta, jamás pensó en huir ante tamaña criatura. Tan solo retenía cada una de las roncas palabras que lograba articular el anciano dragón.            
        Y cuando hubo terminado su historia. Cuando no le quedó nada más que decir sobre su pasado, hizo aquello que le liberaría para siempre de él. Reunió hasta la última gota de su escasa energía, para lanzar un torrente de llamas sobre el muchacho sin previo aviso, derritiendo la grasa, la piel y el músculo, dejando tan solo los restos de un esqueleto calcinado. Después de tantos años, Darthu, la Sombra de las Tinieblas, Campeón del cielo y la tierra entre todos los seres vivos, Asesino de dioses, Azote de piromantes y Traidor a la sangre de su pueblo, pudo descansar en paz.

Relatillo revisado y subido por fin.

Hoy, sin perder las costumbres.

Sanmar

2 comentarios:

  1. Ya era hora de que subieses algo, sí señor >:c.
    Darthu es un cabroncete, pero uno de estos majos que te matan después de contarte su historia porque sabe que después de eso...no encontrarás nada mejor.

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  2. Bueno, el final me recuerda muchísimo a un personaje Kvothe. Buen micro relato, pero con un final un tanto decadente, oscuro, donde parecia q podia nacer otra historia bruscamente giras y juegoas con el lector. Muy similar a los mios. Me gusta.

    Neo.

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