Abrió los ojos y lo que vio no le extrañó lo mas mínimo. La misma pared mugrienta, el mismo botellero cubierto de polvo, la misma lámpara de vidrio naranja cuyo irritante resplandor le había despertado. Despegó la cara de la barra, pringosa por años de alcohol derramado, y torció el cuello hacia la derecha con un sonoro chasquido, dormir en esa postura le iba a costar una dolorosa tortícolis. Se levantó del taburete para estirar las piernas y dio un rodeo con la mirada, albergando la esperanza de que por fin hubiera alguna novedad. Nada. La mesa de billar con el tapete rajado seguía alli, al igual que las mesas, la ventana (casi opaca por la suciedad) y como no, Jork el viejo (tan apolillado como el sofá donde dormitaba) y Toni, que limpiaba un vaso detras de la barra con la mirada perdida.
Lo mas duro del infierno era el aburrimiento, la monotonía. Uno podía pasarse todos los años que quisiera haciendo todo lo que se le pasara por la imaginación, desde los goces mas perversos a las locuras mas extremas, pero al final... todo se volvía aburrido. Ahi estaba el truco, la trampa. El infierno no era un lugar horrible lleno de sufrimientos y castigos inhumanos, sino un lugar vacío en el que uno estaba condenado a vagar para toda la eternidad.
Al menos asi lo pensaba él, Moses Grant, quien había perdido la cuenta del tiempo que llevaba ahi, hacia ya mucho tiempo, o al menos eso parecía.
Volvió a mirar a Toni y abrió la boca con intención de decir algo, pero decidió que era una estupidez ¿Que podía decirle que no le hubiera dicho ya? ya se habían contado sus respectivas vidas de cabo a rabo varias veces, habían comentado todo lo comentable de un lugar tan deprimente como aquel... no, no tenía mucho sentido hablar. Ademas, Toni cada dia estaba mas raro. Probablemente estaría volviéndose loco, el paso anterior al estado vegetativo que alcanzaban algunos, como Jork el viejo, cuya actividad se resumia en ir a la letrina de vez en cuando.
De pronto sintió una vibración en la pierna y se puso alerta. Sabía que pasaba algo, despues de tanto tiempo había algo nuevo en aque horrible lugar. Alzó la cabeza y olfateó el aire como un sabueso. Miro a Toni con una sonrisa lobuna y dijo:
- Creo que tenemos compañía.
Toni no dió muestras de haberle oido, asique se encojió de hombros y salió del local. Al cerrar la puerta, una suave ráfaga de aire templado le acarició el rostro, la tierra, dura y de un rojo óxido, se extendía hacía el horizonte en todas direcciones. Lo único que llamaba la atención del paisaje era el destartalado bar sureño y una irregular carretera de asfalto que emergía como una nudosa cicatriz en el suelo.
Volvió a olisquear el aire pensando que tal vez fuera una falsa alarma y que se estaba volviendo tan loco como sus compañeros. Pero no, el inconfundible olor a gasolina no había desaparecido. Corrió a la carretera y se quedó alli de pie esperando. Pasaron unos minutos y cuando estaba empezando a impacientarse oyó un sobrecojedor rugido. Y lo vió, acercandose a toda velocidad, destelleando por el reflejo del sol, una bestia hermosa y temible a la vez. Cada vez estabá mas cerca, el suelo vibraba, se le aceleró el pulso. Con un espantoso chirrido frenó en seco, a unos pocos metros de Moses, quien no podía ocultar una sonrisa bajo el poblado bigote. Era un Pontiac GTO del 68 color canela, pero a Moses eso le daba igual, no solo estaba maravillado porque aquel cacharro corría mas que cualquier caballo, sino porque la presencia del mismo solo significaba una cosa y eso era lo que mas emoción le causaba. Un alma había cruzado las puertas del infierno.
Quiero continuar esta mierda! :D
Hoy, sin saber que poner aquí
Sanmar
Me mola un huevo y parte del otro.
ResponderEliminarMe gusta sisi, pero... a qué esperas a continuarlo? :)
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